
El camino del Perú hacia el estatus de país de ingreso alto y la erradicación de la pobreza
El inicio del año 2026 plantea interrogantes fundamentales sobre la trayectoria de la economía peruana y su capacidad para generar bienestar real en la pobla...
El inicio del año 2026 plantea interrogantes fundamentales sobre la trayectoria de la economía peruana y su capacidad para generar bienestar real en la población. Tras un periodo de ajustes y estabilización, el debate nacional se centra ahora en si el ritmo actual de expansión es suficiente para transformar la realidad social del país de manera definitiva. Aunque las cifras recientes muestran una resiliencia notable frente a choques externos y una recuperación gradual del consumo interno, los especialistas advierten que mantener un crecimiento apenas por encima del 3 por ciento no bastará para cerrar las brechas históricas que afectan a millones de ciudadanos. En este contexto, surge la necesidad de evaluar estrategias que permitan no solo sostener el dinamismo actual, sino acelerarlo hacia niveles que garanticen un bienestar generalizado y duradero en las próximas décadas. La economía peruana se encuentra en un punto de inflexión donde las decisiones de política pública y la confianza del sector privado determinarán si el país logra dar el salto hacia el desarrollo o si se queda estancado en la denominada trampa del ingreso medio, un fenómeno que ha afectado a diversas naciones de la región en el pasado reciente.
El desafío de superar la barrera del 3 por ciento anual
Históricamente, el Perú ha demostrado una capacidad envidiable para mantener la estabilidad macroeconómica, incluso en tiempos de turbulencia política. Sin embargo, los expertos Yuliño Anastacio y Daniel Barco señalan que crecer a tasas cercanas al 3 por ciento, si bien es positivo, no es suficiente para las ambiciones de una nación que busca erradicar la pobreza extrema y mejorar sus servicios públicos de manera sustancial. Este nivel de crecimiento permite absorber a los nuevos entrantes al mercado laboral, pero no genera el excedente necesario para realizar inversiones masivas en infraestructura, salud y educación que cambien la estructura productiva del país. La sostenibilidad de este crecimiento depende de factores que van más allá del simple rebote estadístico o de los precios internacionales de los metales. Se requiere un impulso renovado en la productividad total de los factores, lo cual implica mejorar la eficiencia en el uso de los recursos y fomentar un entorno donde la innovación y la tecnología jueguen un rol central. Sin un incremento en la competitividad, el riesgo de una desaceleración a largo plazo se mantiene latente, limitando las posibilidades de ascenso social para las clases más vulnerables.
La ruta estratégica hacia el estatus de ingreso alto
Uno de los objetivos más ambiciosos planteados por los analistas es alcanzar el estatus de país de ingreso alto en un horizonte de aproximadamente 15 años. Para que este escenario se materialice, el Perú no puede conformarse con las tasas actuales; debe aspirar a un crecimiento sostenido de al menos el 4.5 por ciento anual. Este incremento de 1.5 puntos porcentuales adicionales respecto a la tendencia actual parece pequeño en el papel, pero representa una diferencia abismal en términos de acumulación de capital y generación de riqueza per cápita. Alcanzar este nivel de desarrollo colocaría al Perú en el club de las naciones más prósperas, permitiendo que el Estado cuente con mayores recursos para financiar programas sociales de alto impacto y modernizar la infraestructura crítica. Este camino requiere un compromiso de largo plazo que trascienda los ciclos gubernamentales, enfocándose en pilares como la seguridad jurídica, la simplificación administrativa y la apertura comercial. La meta del 2041 se presenta así como un faro que debe guiar las reformas estructurales necesarias para dinamizar sectores clave como la minería, la agroexportación y el turismo, que son los motores tradicionales de nuestra economía.
Erradicación de la pobreza en tres décadas
La relación entre el crecimiento económico y la reducción de la pobreza es directa y proporcional en el caso peruano. Según las proyecciones discutidas por Anastacio y Barco, un crecimiento del 4.5 por ciento permitiría erradicar la pobreza en menos de tres décadas. Esto significaría que para mediados de siglo, el Perú podría haber eliminado una de sus mayores deudas históricas con la población. No obstante, este proceso no es automático. El crecimiento debe ser inclusivo, lo que implica que los beneficios de la expansión económica lleguen a las zonas rurales y a las periferias urbanas donde la informalidad laboral es predominante. La creación de empleo formal es la herramienta más potente para la lucha contra la pobreza, ya que no solo proporciona ingresos estables, sino que también otorga acceso a la seguridad social y al crédito. Por ello, la política económica debe estar alineada con la facilitación de la formalización empresarial, reduciendo los costos no salariales y mejorando la capacitación de la fuerza laboral para que pueda insertarse en sectores de mayor valor agregado.
El país necesita aspirar a crecer a tasas superiores al 4%. Con un crecimiento de 4,5%, el Perú podría alcanzar el estatus de ingreso alto en alrededor de 15 años y erradicar la pobreza en menos de tres décadas.
Factores clave para la sostenibilidad económica a largo plazo
Para que el crecimiento sea sostenible, es fundamental fortalecer la institucionalidad del país. La estabilidad de las reglas de juego es lo que permite que los inversionistas, tanto nacionales como extranjeros, apuesten por proyectos de larga maduración. Además, la sostenibilidad económica requiere una gestión fiscal responsable que mantenga los niveles de deuda pública bajo control y un Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) independiente que asegure la estabilidad de precios. La inflación es el impuesto más regresivo que existe, y su control es vital para proteger el poder adquisitivo de los más pobres. Por otro lado, la diversificación productiva se vuelve un imperativo. Si bien la minería seguirá siendo el pilar de las exportaciones, el desarrollo de otros sectores como la industria forestal, la acuicultura y los servicios tecnológicos puede proporcionar una base más amplia y menos volátil para el crecimiento. La inversión en capital humano, a través de una educación de calidad alineada con las demandas del mercado global, es quizás el factor más determinante para asegurar que las futuras generaciones puedan sostener y acelerar el ritmo de desarrollo.
El rol de la inversión privada y pública en el desarrollo
La inversión privada representa aproximadamente el 80 por ciento de la inversión total en el Perú, lo que la convierte en el principal motor de la actividad económica y la generación de empleo. Sin embargo, la inversión pública desempeña un papel complementario y estratégico, especialmente en el cierre de brechas de infraestructura básica como agua, saneamiento, electricidad y conectividad digital. Un crecimiento del 4.5 por ciento requiere que ambos tipos de inversión trabajen en sinergia. El Estado debe ser un facilitador que elimine las barreras burocráticas que frenan los grandes proyectos, mientras que el sector privado debe comprometerse con estándares de responsabilidad social y ambiental que aseguren la licencia social para operar. En el año 2026, se observa un renovado interés por las asociaciones público-privadas (APP) como mecanismo para ejecutar obras de gran envergadura que el presupuesto público no podría cubrir por sí solo. La eficiencia en la ejecución del gasto público, especialmente en los gobiernos regionales y locales, sigue siendo un desafío pendiente que debe resolverse para que los recursos lleguen efectivamente a la ciudadanía.
Reformas estructurales y competitividad en el mercado laboral
Uno de los mayores obstáculos para alcanzar tasas de crecimiento superiores al 4 por ciento es la rigidez y la alta informalidad del mercado laboral peruano. Cerca del 70 por ciento de la fuerza laboral se encuentra en el sector informal, lo que limita la productividad y la recaudación tributaria. Las reformas estructurales en este ámbito son urgentes pero políticamente complejas. Se requiere un marco legal que incentive la contratación formal sin vulnerar los derechos fundamentales de los trabajadores. Esto incluye la revisión de los regímenes tributarios para las pequeñas y medianas empresas, de modo que el crecimiento no sea castigado con mayores cargas administrativas. Asimismo, la mejora en la calidad de la educación técnica y universitaria es crucial para cerrar la brecha de habilidades que denuncian muchas empresas. Un trabajador más capacitado es un trabajador más productivo, y una mayor productividad se traduce directamente en mejores salarios y un crecimiento económico más robusto. La competitividad del Perú en el escenario internacional dependerá de su capacidad para integrar a su población joven en la economía del conocimiento.
Perspectivas y conclusiones sobre el futuro financiero del país
A medida que avanzamos en este 2026, queda claro que el Perú tiene el potencial para transformarse en una nación desarrollada, pero el camino no está exento de riesgos. La volatilidad política y los conflictos sociales pueden descarrilar incluso los mejores planes económicos. Por ello, la construcción de consensos básicos sobre el modelo de desarrollo es indispensable. La meta de alcanzar el estatus de ingreso alto para el año 2041 y erradicar la pobreza en tres décadas no es solo un ejercicio matemático, sino un compromiso ético con las futuras generaciones. El país cuenta con fundamentos macroeconómicos sólidos, una ubicación geográfica estratégica y recursos naturales abundantes; lo que falta es la voluntad política para implementar las reformas que permitan dar el salto cualitativo. Si se logra mantener un crecimiento del 4.5 por ciento, el Perú no solo será un ejemplo de estabilidad, sino también de éxito en la lucha contra el subdesarrollo. La clave reside en la perseverancia, la institucionalidad y la visión de largo plazo que permita convertir las proyecciones de los expertos en una realidad tangible para todos los peruanos.
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