
Solo 8 distritos de Lima superan el 30% de ejecución presupuestal para obras en 2026
La gestión del gasto público en la capital peruana atraviesa un momento crítico a medida que avanza el año fiscal 2026. Según los reportes más recientes de t...
La gestión del gasto público en la capital peruana atraviesa un momento crítico a medida que avanza el año fiscal 2026. Según los reportes más recientes de transparencia económica, la disparidad en la ejecución presupuestal entre los 42 distritos de Lima Metropolitana es alarmante. Mientras un pequeño grupo de comunas ha logrado dinamizar sus inversiones en infraestructura y servicios básicos, la gran mayoría muestra un avance lento que pone en riesgo el cumplimiento de las metas anuales. Esta situación no solo refleja la capacidad técnica de los equipos municipales, sino que impacta directamente en la calidad de vida de millones de ciudadanos que esperan mejoras en seguridad, transitabilidad y espacios públicos. El análisis detallado de las cifras revela que solo ocho jurisdicciones han logrado superar la barrera del 30% de ejecución en proyectos de inversión, un indicador que debería ser el estándar mínimo para esta etapa del año si se busca una gestión eficiente de los recursos asignados por el Gobierno Central y la recaudación propia.
El panorama de la inversión pública en la capital
La inversión pública es el motor que permite cerrar las brechas sociales en una ciudad tan compleja como Lima. Sin embargo, los datos actuales muestran una realidad fragmentada. El Presupuesto Institucional Modificado (PIM) destinado a proyectos de adquisición de activos no financieros es la herramienta clave para medir este desempeño. En lo que va del 2026, la ejecución promedio en la capital se mantiene por debajo de las expectativas técnicas del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF). Esta lentitud en el gasto suele atribuirse a deficiencias en la elaboración de expedientes técnicos, procesos de licitación desiertos o impugnados, y una rotación excesiva de personal especializado en las oficinas de administración y finanzas. La falta de continuidad en las políticas de inversión genera un cuello de botella que se agudiza en el segundo semestre, cuando las municipalidades intentan gastar de forma apresurada, lo que a menudo compromete la calidad de las obras ejecutadas.
Los distritos líderes en ejecución de obras
Dentro de este escenario, destacan distritos como San Juan de Miraflores, Surco y Comas, que se ubican entre los más avanzados en términos porcentuales. Estas jurisdicciones han logrado canalizar sus recursos hacia proyectos de pavimentación, mejoramiento de parques y fortalecimiento de la seguridad ciudadana. En el caso de Surco, la inversión se ha centrado en la modernización tecnológica y la recuperación de espacios verdes, mientras que en San Juan de Miraflores y Comas, el enfoque ha estado en la infraestructura vial básica, fundamental para la conectividad de las zonas periféricas. El éxito relativo de estos distritos se fundamenta en una planificación que inició desde el último trimestre del año anterior, permitiendo que las licitaciones se lancen en los primeros meses del ejercicio fiscal. Esta proactividad administrativa es lo que marca la diferencia entre una gestión que entrega resultados y una que se queda en la retórica de las promesas electorales.
El rezago crítico: Municipalidades con 0% de avance
En el extremo opuesto de la tabla, la situación es preocupante. Trece municipalidades de Lima Metropolitana se encuentran por debajo del 10% de ejecución, pero lo más grave es el caso de Barranco, La Victoria y San Bartolo, que registran un 0% de avance en la ejecución de obras según los portales de transparencia. Para distritos con necesidades tan urgentes como La Victoria, donde el comercio ambulatorio y la inseguridad requieren intervenciones de infraestructura física, un gasto nulo representa una oportunidad perdida de desarrollo económico local. En Barranco, la parálisis de proyectos afecta la conservación del patrimonio y la mejora de los servicios turísticos, pilares de su economía distrital. Esta inacción suele estar ligada a crisis políticas internas, investigaciones fiscales que paralizan las gerencias de obras o, simplemente, a una incapacidad técnica para gestionar los sistemas administrativos del Estado peruano.
Factores que frenan el gasto en infraestructura
Existen múltiples factores que explican por qué un alcalde no logra gastar el dinero asignado. Uno de los principales es la rigidez de la Ley de Contrataciones del Estado, que si bien busca prevenir la corrupción, a menudo impone plazos y requisitos que las municipalidades más pequeñas o con menos recursos técnicos no pueden cumplir con agilidad. Además, la elaboración de perfiles y expedientes técnicos suele ser deficiente; cuando un proyecto llega a la etapa de ejecución, se descubren errores de diseño que obligan a paralizar la obra y realizar modificaciones presupuestales. Otro factor determinante es la baja recaudación de arbitrios y prediales en ciertos sectores, lo que limita los recursos directamente recaudados que sirven para cofinanciar grandes proyectos. Sin una reforma integral de la gestión pública subnacional, el ciclo de baja ejecución se repetirá año tras año, afectando la competitividad de la ciudad.
Las fallas de diseño de políticas sectoriales no ha permitido que las poblaciones de las zonas más pobres del país se beneficien plenamente de los impactos positivos de la buena macroeconomía y del comercio internacional.
Impacto de la baja ejecución en la calidad de vida
Cuando una municipalidad no ejecuta su presupuesto para obras, el ciudadano es el principal perjudicado. La falta de inversión se traduce en pistas con baches que dañan los vehículos y aumentan el tráfico, parques abandonados que se convierten en focos de delincuencia, y una iluminación pública deficiente que favorece la inseguridad. En Lima, donde la brecha de infraestructura es de miles de millones de soles, cada sol no invertido es un retroceso. Además, la inversión pública tiene un efecto multiplicador en la economía local: genera empleo directo para obreros y técnicos de la zona, y dinamiza el comercio de materiales de construcción y servicios conexos. La parálisis en distritos como La Victoria o Barranco frena este círculo virtuoso, manteniendo estancada la microeconomía de los barrios que más necesitan un impulso tras los desafíos económicos globales de los últimos años.
El rol del Ministerio de Economía y Finanzas
Ante esta situación, el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) juega un papel de supervisor y facilitador. A través de programas de incentivos a la mejora de la gestión municipal, el Gobierno Central intenta premiar a las comunas que cumplen con metas de ejecución y calidad del gasto. Sin embargo, los especialistas sugieren que el acompañamiento técnico debe ser más intenso y preventivo, especialmente en aquellas municipalidades que históricamente muestran niveles bajos de inversión. No basta con transferir los recursos; es necesario asegurar que los equipos municipales tengan las competencias necesarias para gestionar proyectos complejos. La asistencia técnica en la fase de preinversión es vital para evitar que los proyectos nazcan con vicios que luego impidan su ejecución física. La transparencia en el uso de estos fondos es, además, una demanda ciudadana creciente en un contexto de lucha contra la corrupción.
Perspectivas para el segundo semestre de 2026
El reto para los alcaldes de Lima en los meses restantes del 2026 es monumental. Aquellos que se encuentran en el grupo del 0% deben acelerar sus procesos de adjudicación de manera inmediata si pretenden mostrar algún resultado tangible antes del cierre del año fiscal. Por otro lado, los distritos que ya superaron el 30% deben enfocarse en la supervisión de las obras para garantizar que se cumplan los plazos y las especificaciones técnicas, evitando adicionales de obra que suelen inflar los presupuestos iniciales. La mirada de los organismos de control, como la Contraloría General de la República, será fundamental para asegurar que este incremento en la velocidad del gasto no derive en irregularidades. El éxito de la gestión municipal en 2026 se medirá no solo por cuánto se gastó, sino por cómo ese gasto transformó positivamente el entorno urbano de los limeños.
Hacia una gestión municipal más eficiente
Para superar la crisis de ejecución presupuestal, es imperativo transitar hacia un modelo de gestión basado en resultados y no solo en el cumplimiento de trámites administrativos. Esto implica profesionalizar el servicio civil municipal, reduciendo la rotación de personal por criterios políticos y apostando por cuadros técnicos con experiencia en inversión pública. Asimismo, la digitalización de los procesos de licitación y el uso de metodologías modernas de gestión de proyectos, como el BIM (Building Information Modeling), podrían reducir significativamente los errores en los expedientes técnicos. La participación ciudadana en la vigilancia del presupuesto participativo también es clave para priorizar obras que realmente respondan a las necesidades de la población. Solo con una reforma profunda y un compromiso real de las autoridades locales, Lima podrá dejar atrás la ruleta rusa de la inversión pública y consolidar un crecimiento económico que llegue a todos sus distritos por igual.
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